viernes, 18 de mayo de 2018

Stalin y el Sexo

 Dictadores: Sexo y Poder
1.- Mussolini
2.- Stalin
3.- Hitler
4.- Mao
5.- Franco
6.- Leónidas Trujillo

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Descudriñar la vida íntima de un personaje tan odiado como Stalin no es una tarea fácil, ya que normalmente estas grandes figuras de la historia están rodeadas tanto de silencios significativos como de falsedades históricas, hecho que complica sobremanera descubrir su verdadera personalidad, más aún, cuando tratamos de adentrarnos en un terreno tan íntimo como el de la sexualidad.

Toda su vida estuvo sumergida en un secretismo total, donde la manipulación y la propaganda se encargó de ocultar los rasgos más humanos del dictador soviético, presentándolo ante el pueblo ruso casi como un dios en vida, el gran padre de la patria soviética.


Y es que según que fuentes consultes podemos leer de Stalin todo tipo de testimonios, desde casos de violación o de pederastía, !incluso de incesto! o por contra aquellos relatos que han querido convertir la figura del tirano en un auténtico Casanova...  Por lo que a pesar de que recientes libros, como 'La corte del zar rojo' o 'Las mujeres de los dictadores' han contribuido a difundir algunos de estos rumores, nosotros preferimos rebajar alguno de estos testimonios tan impactantes y aferrarnos a relatos menos llamativos, pero en nuestra opinión, más acordes con la personalidad del dictador.

Una pasión desmedida... aunque por la política y el poder.


De manera resumida podemos decir que oficialmente Stalin tuvo dos esposas, un par de amantes reconocidas y probablemente algunas aventuras y flirteos en su época de juventud.

A diferencia de otros dictadores podemos afirmar que no era un mujeriego, ya que su única pasión, incluso su obsesión. fue la política y el poder.


Stalin, 1902
Por lo que las mujeres y el sexo fueron algo secundario en su vida. Esto no quiere decir, que no quisiese a las mujeres o hijos que tuvo pero siempre estuvieron supeditados a su acción política. Por lo que si analizasemos su figura desde una perspectiva freudiana se podría afirmar que invirtió toda su energía sexual en el ejercicio del poder.

Esto marcará a todas sus relaciones, ya que Stalin será una persona paranoica, que desconfiará de todo y de todos, sólo hace falta analizar alguna de sus purgas, donde no dudaba en mandar detener o asesinar a algunos de sus más estrechos y fieles colaboradores, incluso a algunos familiares directos de sus esposas. Esto hizo que la principal cualidad que buscase en una mujer fuese la confianza, es decir, poder confiar en ella, buscando ser confortado.

Sobre sus rasgos y gustos sexuales apenas conocemos nada, sólo podemos especular sobre algunos aspectos de su sexualidad.

Por su origen y carácter algunos autores le han definido como un 'macho georgiano', es decir, un hombre duro, frío, de hábitos rutinarios y aldeanos, con cierta indiferencia hacia las mujeres. 


Tal es así, que su segunda esposa se suicidó supuestamente por un ataque de celos, ya que llevaba años bajo una depresión por la actitud distante de su marido. Una muestra más de la frialdad de Stalin es el epitafio que se puede leer en la tumba de su segunda mujer donde reza: “Nadezhda Alliluyeva Stalin (1901-1932), miembro del Partido Comunista, de parte de Stalin”.

Analizando su figura desde un punto de vista psicológico, y compartiendo los rasgos de muchos psicópatas, se le ha considerado un hombre incapaz de sentir empatía por los demás, pero terriblemente sensible con sus propios sentimientos. Por lo que cuando su mujer se suicidó la primera pregunta que se hizo Stalin fue ¿cómo le podía haber hecho eso a él?, en vez de preguntarse sobre los sentimientos que llevaron a su mujer al suicidio.

Como buen psicópata Stalin va a utilizar su sexualidad con otros fines, ya que como todo dictador acabará utilizando el sexo con fines políticos, seduciendo a las mujeres de sus ministros y altos cargos para estrechar su control sobre ellos y poder conseguir ciertas informaciones que después resultasen útiles políticamente.

En cuanto a la proyección de su imagen pública, Stalin tomó un camino completamente diferente al de Mussolini, mientras el dictador italiano buscó siempre proyectar una imagen de conquistador, seductor, de hombre vigoroso y activo; Stalin quiso reflejar una imagen más sosegada, como un hombre tranquilo, padre de la patria y de todos los soviéticos, hasta convertirse casi en un dios viviente.

Una vez analizados a grandes rasgos algunos aspectos de su sexualidad pasaremos a ver la relación de Stalin con las mujeres que marcaron su vida, hecho que nos permitirá conocer con más profundidad algunos rasgos de su personalidad....

LAS MUJERES DE STALIN


Correrías de juventud


Para comprender mejor las primeras experiencias amorosas de Stalin hay que recordar algunas costumbres muy extendidas entre los revolucionarios soviéticos, ya que debido a su clandestinidad solían mantener relaciones exclusivamente con otros camaradas de lucha, es por ello que Stalin siempre se casó con mujeres cuyas familias estaban vinculadas a la acción revolucionaria. Además la infidelidad, tanto de hombres como de mujeres, no estaba mal vista, por lo que no eran nada raras las relaciones abiertas.

Stalin en sus primeros años de juventud se convirtió en un activo bandolero al servicio del partido comunista, dedicándose al robo de bancos y llevando una vida de fugitivo.

Todo esto sumado a su carácter fogoso y aventurero y cierta fachada de tipo duro le hizo merecedor de la admiración de numerosas mujeres.


Por lo que el número de amantes que se le atribuyen en esta etapa de juventud son bastante numerosas, manteniendo algunas aventuras amorosas en sus destierros por tierras siberianas. Fruto de estas relaciones, más o menos esporádicas, se le atribuyen un par de hijos ilegítimos a los que nunca quiso reconocer.

Ficha policial de Stalin realizada por la policía de Petrogrado.

Su primera mujer: amor a la fuga


Su primera esposa fue Ekaterina Svanidza, con quién se casó cuando aún era un jóven bandolero, por lo que ambos tuvieron que llevar una vida de fugitivos. Él debía estar locamente enamorado de ella, ya que aceptó casarse por la Iglesia a pesar de que detestaba dicha institución, ya que ella era profundamente religiosa.

Muy pronto su jóven esposa comprendió que la principal motivación de Stalin sería la política, incluso por delante de su familia.


Ekaterina Svanidze, 1904
Durante estos primeros años la pareja se ve obligada a vivir escondida y siempre alerta ante los agentes del zar. Ella sufrirá muy pronto la amargura de la soledad, ya que 'Soso', el apodo con el que se conocerá a Stalin, estará siempre en constante movimiento, de un lado para otro, conspirando para derrocar al régimen del zar. A pesar d ello la pareja parece que fue feliz y tuvo un hijo llamado Yakov.

Pero esta breve felicidad pronto se tornará en dolor y muerte. En 1907 su mujer caerá gravemente enferma, ante la falta de dinero para pagarle un tratamiento, la pareja decide que ella vuelva al hogar familiar en la capital Georgiana. Pero el duro viaje y las altas fiebres provocadas por el tifus provocarán, al poco de llegar a Tiflis, la muerte de su mujer el 25 de noviembre de 1907. Esta muerte repercutirá en el carácter de Stalin, que no dudó en culpar al estado zarista de la muerte de su mujer por la paupérrima situación de la sociedad rusa.

Incluso algunos historiadores han apuntado que el carácter despiadado de Stalin se forjó a partir de este momento, ya que según cuenta la leyenda, en el funeral de su esposa le confesó a uno de sus camaradas que todo sentimiento humano se había desvanecido de su corazón: "... Esta criatura podía suavizar mi corazón de piedra. Ahora está muerta, y con ella mis últimos sentimientos calurosos para los humanos."

El mejor remedio para superar el dolor de la muerte de su mujer fue su inmersión total en el mundo de la política, aunque esto no hizo que se olvidase del sexo femenino; ya que según cuentan algunas fuentes Stalin tuvo algunas aventuras amorosas, siendo la más sonora, la que mantuvo en 1911 con una joven viuda, llamada Maria Prokopievna Kuzakova, con la que tendría un hijo, que no dudó en condenar al obstracismo total, al igual que a su madre..


Nadia: una relación de amor-odio


El otro gran amor de su vida le llegó con su madurez, ya que en 1919 y con 41 años se casó con una jovencísima Nadezhda Alilúyeva, hija de conocido revolucionario soviético, y que apenas contaba con 16 años de edad.


Fruto de este matrimonio nacerían dos hijos: Vasili y Svetlana. Aunque como sus anteriores relaciones, ésta también estuvo marcada por el abandono y la desidia, ya que su joven esposa muy pronto cayó en depresión por las constantes ausencias de su marido, depresión acompañada de ataques de histeria y manía persecutoria, ya que sospechaba que parte de sus ausencias eran debidos a flirteros y aventuras amorosas con nuevas amantes.

Stalin, su mujer Nadezhda Alliúyeva, K.E. Voroshilov,
descansando a principios de los años 20
Por lo que el matrimonio derivó en una apasionada, intensa e incluso violenta relación amor-odio, donde se mezclaban el amor conyugal y celos, y donde Nadezhda pasó de la admiración personal hacia la figura de su marido, a un cada vez más y profundo desprecio a medida que iba siendo consciente de las terribles secuelas que iban provocando las políticas de su marido.

Nadezhda Sergeyevna Alliluyeva
(1901–1932)
El distanciamiento fue tal que Nadia en 1929 optó por abandonar el hogar conyugal, aunque lógicamente el regimen no iba a permitir tal escándalo, por lo que muy pronto fue 'obligada' a regresar, sumiendo a Nadia en un estado de depresión continuo.

La relación se fue tornando insoportable hasta su estallido final en 1932, cuando en un cena oficial del partido, conmemorando el aniversario de la Revolución, se produjo una nueva discusión delante de todos los asistentes. Aunque hay varias versiones sobre lo sucedido, la realidad es que hubo un sólo y triste final...

Para algunos la discusión empezó cuando Nadia echó en cara a su marido que flitearse delante de ella con otras mujeres, otra versión alude que Nadia recriminó a Stalin la forma vulgar de tratarla, ya que "!eh, tú!" no eran formas de tratar a una mujer... de cualquier forma parece ser que Stalin le arrojó un puro encendido a su mujer.

Nadia, humillada públicamante, abandonó en silencio la fiesta y se fue a su dormitorio, donde se suició con una pistola Walter.


Sobre su muerte ha habido todo tipo de especulaciones, el regimen comunista anunció oficialmente que había muerto de apendicitis, aunque también ha habido quien a afirmado que fue el propio Stalin quien la asesinó en un arrebato de ira.

A pesar de su aparente frialdad, este hecho tuvo que marcar profundamente a Stalin, ya que nunca comprendió los motivos que llevaron a su mujer a suicidarse. Ella fue una mujer muy competente, que había trabajado por y para la causa comunista, primero bajo el mando de Lenin y después al lado de Stalin. Era una mujer que representaba el modelo de la nueva mujer soviética, una mujer que estudió en la universidad, trabajadora incesante y firmemente defensora del ideal bolchevique.

Por lo que algunos investigadores han apuntado que la causa real de su suicidio fue descubrir con qué clase de hombre se había casado, ya que había convertido el sueño bolchevique en una pesadilla, al descubrir como todos los antiguos compañeros de Lenin eran eliminados sistemáticamente, al descubrir los campos de trabajo y las terribles secuelas de las hambrunas en Ucrania.

Stalin y su hija Svetlana.

Una especial atracción hacia las artistas


A pesar de los numerosos rumores sobre las amantes secretas de Stalin, nunca sabremos hasta que punto estos rumores son ciertos, aunque parece evidente que para Stalin sería difícil rechazar a todas las mujeres que se le ofrecían.

Por lo que si parece probable que mantuviese distintos affairs amorosos, antes y después del fallecimiento de su esposa.


Quizá el romance más sonado lo mantuvo con la cantante de ópera rusa, Vera Davídora, relación que se inició en 1932 estando aún casado con Nadia y que lanzó al definitivo estrellato a la diva del Teatro Bolshói que desde aquel momento no dejó de recibir premios y ostentosos regalos.

Vera Davídora.
Este romance vendría confirmado por la propia Deva que en 1985 publicó un libro titulado 'Yo fui la amante de Stalin' y donde nos narra el largo romance que mantuvo con el dictador soviético cuando éste contaba con 54 años de edad.

Pero no sólo Davídora contó con los favores del Zar Rojo, otras grandes artistas también se vieron colmadas de regalos y premios, como la bailarina Olga Lepeshínskaya o la cantante Valeria Bársova, aunque nos parece algo atrevido afirmar que mantuviese relaciones con cada una de ellas.

Una truculenta historia...


Una de las historias de más dudosa credibilidad acerca de la vida íntima de Stalin es el supuesto affair que mantuvo con la hermana de su difunta mujer, ponemos en duda esta historia ya que parece estar diseñada perfectamente para confirmar el carácter paranoico, cruel y despótico de Stalin.

De esta forma y según algunas fuentes, poco después del entierro de su mujer, Stalin se encaprichó de Ana Genia, la hermana de su difunta esposa. Al mismo tiempo y dentro de las purgas políticas de Stalin, el marido de Genia muere en extrañas circunstancias, propiciando el acercamiento del dictador hacia ella.

Hasta que le proponen convertirse en la nueva "ama de llaves" personal de Stalin, puesto que ella rechazaría horrorizada conociendo la terrible e irascible personalidad del dictador, por lo que rápidamente buscará un matrimonio de conveniencia que le libre de tal 'honor'.

Este hecho, sumado a las acusaciones veladas hacia Stalin de haber envenenado a su anterior marido provocará las iras de Stalin que le costará a Genia su deportación, siendo encarcelada bajo horribles condiciones, y siendo liberada años después sufriendo terribles secuelas psicológicas.

Valentina Vasilevna Istomina: su último gran amor


Valentina Istomina
Aunque, sin duda alguna, la mujer más importante en la vida de Stalin en sus últimos años de vida fue su ama de llaves, Valentina Vasilevna Istomina. Es bastante curioso que apenas conozcamos nada de esta mujer que convivió con uno de los mayores dictadores del siglo y que formó parte de su círculo más íntimo, compartiendo con él intimidades y secretos durante más de 20 años.

Valentina era una mujer de belleza sencilla, origen humilde, discreta, trabajadora, de buen carácter y de cuerpo generoso, en suma, una mujer que encarnaba los ideales de la mujer campesina soviética.

Aunque el rasgo que sin duda más cautivó a Stalin fue la absoluta lealtad que ella le profesaba así como su discrección, ya que siendo una mujer de carácter sumiso u algo simplista nunca trató de implicarse en asuntos de política.

Una mujer a los que muchos han calificado como esposa secreta, ya que incluso le acompañó en muchos de sus viajes más importantes, estando presente en citas tan históricas como Yalta o Postdam. 


Aunque ella se hacía cargo de sus ropas, sus comidas y sus habitaciones privadas, no sabemos si realmente hubo algún tipo de relación sexual entre ellos. Siendo más una compañera que una amante, ya que como bien sentencia Reyes Blanc:

" A Stalin le gustaba físicamente, pero además él va teniendo sus años y ella lo cuida... Los hombres, cuanto más mayores somos, más nos importa que nos tengan la sopa caliente... y la ropa preparada".

El amor inquebrantable de esta mujer por Stalin salió a relucir el día de su entierro, la pobre Valechka cayó de rodillas ante su ataud y lloró desconsoladamente sobre el pecho del tirano muerto durante largo tiempo, sin que nadie se atreviese a apartarla.

Esta mujer, aunque nos parezca difícil de creer, representaba el sentimiento de millones de soviéticos que lamentaban sinceramente la muerte de amado lider..



Bibliografía

Ducret, Diane; Las mujeres de los dictadores, Aguilar, 2011.

Montero, Rosa; Dictadoras: Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, Lumen, 2013.

Sebag Montefiore, S.; La corte del zar rojo, Crítica, 2010.


http://es.rbth.com/blogs/2014/10/20/las_mujeres_de_stalin_44463

sábado, 12 de mayo de 2018

Cortesanas poetisas: Prostitución en la Italia del Renacimiento

Antes de empezar esta entrada creo que es necesario aclarar el término de la palabra cortesana, ya que es una palabra bastante ambigüa, cuyo significado a ido cambiando a lo largo de los siglos. Y aunque hoy en día, se suele asociar con la prostitución, algo así como una especie de prostituta de lujo. La propia RAE en su definición recoge varias acepciones:

- Cortesana, entendido como dama que sirve en la Corte, es decir, una mujer proveniente de buena familia, con esmerada educación, ya fuese casada o soltera, que especialmente durante el Renacimiento participaba en actividades políticas o culturales.

- En el otro extremo, tenemos las denominadas cortesanas "di lume", de fuego, es decir, prostitutas pertenecientes a las clases bajas.

- Y entre medias, tenemos el término de cortesana "honesta", como aquella mujer que ejerce la prostitución, pero de manera elegante o distinguida. O incluso mujeres, que con un alto grado de independencia vivieron su sexualidad de manera bastante libre, no convencional para aquella época, por lo que aquellas mujeres que vivían separadas de su marido o que tuvieron relaciones con hombres estando solteras, rápidamente eran consideradas como prostitutas.

Meretriz (Izq.) y Dogaresa (Mujer del Dux).
Vemos que es difícil distinguir entre la cortesana y la mujer noble en sus vestimentas.

La prostitución en la ciudad de Venecia


Y como cabe suponer, en una ciudad tan cosmopolita y universal como Venecia, uno de los centros económicos del mundo en aquella época, existieron prostitutas de toda clase y condición, como bien nos informa el libreto titulado "Catálogo de precios de las prostitutas de Venecia", fechado en el año 1535, y donde se describen las habilidades y tarifas de numerosas cortesanas, con tal detalle que incluso se nos informa que una tal Lucrezia Squarcia tiene entre sus virtudes haber leído a Petrarca, Virgilio y "a veces hasta a Homero"

Desde el siglo XIV se sabe la existencia de barrios destinados a la prostitución, al principio éstos se situaban en los límites de la ciudad y proporcionaban alojamiento gratuito a estas "benemeriti meretrice" en las llamadas "Case rampane". 

Su presencia siempre fue bastante bien tolerada por las autoridades de la ciudad, pese a la creciente oposición de la Iglesia, ya que la prostitución fue una válvula de escape de tensiones y conflictos sociales

Cortesana, ilustración de Vecellio.

Evitaba casos de violaciones y abusos hacia mujeres de buena virtud y limitaba la difusión de relaciones homosexuales, ya que se rumorea que en una ciudad tan volcada al mar, donde los hombres pasaban largas temporadas encerrados en sus barcos, este tipo de relaciones fueron mucho más habituales que en otras ciudades.

El mercado de la prostitución era tan extenso que en el siglo XVI se llegaron a censar más de 12.000 prostitutas, y es que los impuestos generados por el mercado del sexo era una fuente de ingreso nada desdeñable para muchas ciudades. Incluso, uno de sus puentes, "el puente de la teta", nos recuerda el pasado libidonoso del barrio de Carampane, uno de los más antiguos de la ciudad, ya que desde ese puente las prostitutas enseñaban sus encantos a los marineros que regresaban a la ciudad tras largos meses de ausencia.

Las cortesanas "honestas"


Estas cortesanas eran mujeres jóvenes, hermosas e instruidas, versadas en distintas artes, refinadas, cultas y sofisticadas. Fueron muy populares en los ambientes intelectuales y cortesanos de las principales ciudades italianas, especialmente durante el siglo XVI, aunque no sólo por sus habilidades intelectuales, sino también por sus habilidades amatorias. 

La mayor parte de ellas eran de baja extracción social, por lo que su formación fue autodidacta, al introducirse desde bien jóvenes en estos salones (ridotti o casini) de la alta sociedad de la época, donde se realizaban debates, lecturas públicas de poesías y libros, etc. Por todo ello, consiguieron gozar de una libertad, una cultura y una autonomía inimaginbale para el resto de mujeres de su época.

Retrato de Verónica Franco,
Tintoretto 1575.
Por lo que muchas de estas cortesanas se volvieron universalmente famosas al encarnar los cantos de amor de algún poeta, o al ser retratadas por los grandes maestros de la pintura veneciana, como Tiziano o Tintoretto, que no dudaron en plasmar en sus lienzos la belleza y los encantos de alguna de estas mujeres. Todo ello las rodeaba de un halo de divino prestigio, alcanzando aún mayor notoriedad entre sus ricos e influyentes adoradores.

Su fama se vio incrementanda, no sólo por su labor como damas de compañía,  sino que muchas veces fueron ellas las impulsoras de la vida cultural de la ciudad.


Giacomo Franco.
Comerciante extranjero
con dama cortesana, Grabado 1610
Sus salones se convirtieron en centros culturales, donde acudía la flor y nata de la sociedad de la época. Por lo que a pesar de su vida libertina y alzarse contra los imperativos sociales de su época, contaron con cierta protección y apoyo de las autoridades locales.

Aunque todos estas cortesanas "honestas" compartían belleza, sofisticación, inteligencia y cultura, algunas destacaron por sus extraordinarias dotes intelectuales como poetisas y literatas, como Tullia D'Aragona, quien escribió el primer tratado amoroso atribuido a una mujer cortesana "Dialogo dell' infinità di amore" (1547). Otras mujeres destacadas fueron: Vittoria Colonna (Roma), Isabella Morra (Matera), Veronica Gambara (Reggio Emilia), Gaspara Stampa (Padua y Venecia) y sobre todo, Veronica Franco (Venecia), quizá la cortesana poetisa más famosas de todas ellas.

La vida de alguna de estas grandes mujeres merece la pena ser contada, por lo que para no alargar esta entrada, le dedicaremos un post en exclusiva a a alguna de ellas en el futuro.


La vida en el Renacimiento


El Renacimiento siempre se ha asociado una época de riqueza, progreso y esplendor, donde se dio un florecimiento en todas las artes, especialmente en algunas ciudades italianas como Venecia, Florencia, Roma,...  Todo este optimismo se vio reflejado en la vida social de estas grandes ciudades, donde la música, la poesía, la pintura, pero también el canto al amor y a la sensualidad alcanzaron su máximo apogeo.

Esta alegría de vivir, o dicho de otro modo, esta vida de carácter alegre, burló en sus años de máximo esplendor las limitaciones impuestas por las estrictas reglas morales de la Iglesia. 


Este relajación en las costumbres tuvo su reflejo en el esplendor que alcanzaron estas cortesanas honestas, que como las antiguas hetairas griegas, acompañaron a los hombres en sus reuniones sociales, para compartir con ellos no sólo sus "encantos femeninos", sino también sus dotes intelectuales.

La Riva degli Schiavoni en Venecia , de Leandro de Ponte Bassano (1595)

Ser una mujer ¿libre? en el Renacimiento:


Es importante detenernos en este punto, ya que la mujer nunca fue un ser libre, su vida estaba programada por el hombre desde su mismo nacimiento, dependiendo siempre de la voluntad de los hombres de su vida: primero, como "hija de"; posteriormente, como "esposa de"; e incluso si llegaba e enviudar, seguía estanda sujeta a la voluntad de sus hijos, o incluso sus hermanos.

La vida de la mujer, al menos de una mujer decente, era una vida austera, encargada exclusivamente del cuidado de su marido y sus hijos dentro de la casa. 


Por lo que las únicas mujeres que rompieron estos moldes, fueros algunas de estas mujeres cortesanas, ya fuesen las mujeres nobles que debido a su educación pudieron liberarse del corset social que la moral de la época les exigía; o estas meretrices de alto standing, que cómo las antiguas hetairas griegas, gracias a su profesión y su nivel cultural pudieron vivir una vida más libre.

Dama descubriendo el seno, Tintoretto (1585).
Se ha sugerido que esta dama tambén sea un retrato de Verónica Franco.

 
Por lo que esta definición, de Marina Zancan, se aproxima bastante bien al tipo de mujer que vamos a retratar en este post:

“Una mujer intelectual que practica de forma declarada una sexualidad fuera de las normas (entiéndase ni esposa ni prostituta) y que obtiene el derecho a ser mujer intelectual, la posibilidad de obtener una vida socialmente no subordinada e intelectualmente organizada para proyectar, a partir de sí misma su sueño de realización".


Es decir, estas cortesanas no eran ni abiertamente prostitutas, ni tampoco podían ser consideradas damas honorables, por lo que sobrevivían entre estos dos mundos, siendo muchas veces la única posibilidad que tenían de escapar de la miseria y promocionar socialmente.

Y es que en aquella época, prácticamente la única salida para aquellas mujeres sin protección familiar, ni marido, eran dos: o la prostitución o el convento.  Especialmente grave era la situación de aquellas mujeres solteras que habían mantenido relaciones sexuales con otros hombres, ya que sobre ellas recaía automáticamente la fama de prostitutas.

Por lo que no nos puede extrañar, como vimos en el post anterior, la importancia social que tuvieron la remendadoras de virgos, ya que eran capaces de salvaguardar el honor de una doncella.

Un juego de máscaras:


Aunque como podemos suponer, nada en esta vida es blanco o negro, por lo que ni todas las damas  nobles eran tan castas y virtuosos como querían aparentar, ni las cortesanas unas lascivas mujeres.

Muchas veces, unas y otras, miraban con envidia el estilo de vida las otras. Las damas nobles, la libertad de las cortesanas a la hora de vivir, de poder elegir a sus parejas o amantes. Las cortesanas envidiando la estabilidad social y económica de las nobles. Y es que un mundo vigilado constantemente por el ojo represor de la moral cristiana, las apariencias sociales lo eran todo, donde la pérdida de reputación y honor de una familia podía suponer su exclusión de la vida social.

Nada es lo que parece, todo es un gran juego de máscaras, donde, especialmente las mujeres deben esconder su auténtico ser y representar el papel que la sociedad espera de ellas.


Pero no debemos engañarnos, ya que aunque las cortesanas disfrutaban de ciertos privilegios, inimaginables para otras mujeres (escapar del ámbito del hogar, independencia económica, libertad sexual, acceso a cultura,...) siempre arrastrarían el estigma social de ser consideradas mujeres sin virtud.

Fotograma de la película 'Dangerous Beauty' ('Más fuerte que su destino', en España).
Basada en la vida de la cortesana Verónica Franco.

Las sombras de la moral


Pero no nos engañemos, la vida de estas mujeres siempre estuvo oscurecida por las sombras de la moral imperante de la época. El auge y caída de este tipo de cortesanas represeta a la perfección la moralidad y la mentalidad de aquella época, la lucha entre la visión humanista del Renacimiento y la restrictiva moral impulsada por la Iglesia Católica.

Nada garantizaba a estas mujeres que un amante despechado, un rumor malintencionado, una esposa enfurecida, un sacerdote moralista... fulminase de un plumazo su suerte; por lo que aquellos mismos que dilapilaban sus fortunas por pasar unas horas con ellas, eran capaces de darles la espalda y fingir que nunca las habían conocido.

Y es que ninguna mujer por muy bella, poderosa o influyente que fuese, por muchos contactos poderosos que tuviese, podía estar segura de conservar su estatus social, ya que la propia sociedad misógina donde vivían, así como el ojo siempre vigilante de la religión, podían hundir la vida de cualquiera de estas mujeres.

Edouard Moyse - Inquisición

Hay que recordar que en esta misma Venecia, luminosa, abierta, cosmopolita, también estaba muy presente la temible y poderosa Inquisición. Y es que la Iglesia Católica, ante el peligro de las herejías europeas, había impulsado su Contrarreforma. Desarrollando un amplio programa de reformas en todos los ámbitos, endureciendo su postura frente a las conductas libertinas.

Por lo que esta moda de aceptar socialmente la presencia de estas cortesanas pronto fue considerada contraria a la moral católica, por lo que pasaron de ser consideradas como cortesanas honorables a simples prostitutas.


Esta doble moralidad siempre estuvo presente, ya que el ejercicio de la prostitución siempre estuvo estrictamente regulado por ciertas normas de comportamiento: prohibir comportamiento libidinosos fuera de los barrios asignados para este oficio, obligar a las cortesanas a cubrirse de forma decorosa (aunque debajo del manto luciesen toda clase de joyas y sedas). Y aunque putas, estas mujeres siempre fueron muy devotas, por lo que se las prohibía también asistir a procesiones o a actos públicos de carácter religioso.

Ese cambio de mentalidad tiene su mejor reflejo en el juicio de Verónica Franco, acusada de brujería por un amante despechado, sólo pudo salvarse de las garras de la Inquisición gracias a sus influyentes amistades, pero la vida de glamour, respeto e incluso admiración de estas cortesanas honestas quedó para siempre borrada.

Su caída en desgracia supone la desaparición de la última verdadera cortesana honesta de Venecia e Italia. Aunque la figura de este tipo de cortesana de lujo siguió existiendo, como bien refleja la literatura de los siglos posteriores, nunca volvieron a alcanzar la fama, el prestigio y el respeto que se ganaron esa generación de mujeres libres, inteligentes y valientes.

Con Verónica terminó también el Cinquecento y desaparecieron de las escenas  los  espíritus  de  aquella  prestigiosa  cultura  que  habían  animado  la  vida  de  ese  siglo espléndido y corrompido, turbulento, genial y fecundo”.










BIBLIOGRAFÍA

Caro Rodríguez, I.; El término cortesana a través de Verónica Franco, Género y expresiones artísticas interculturales / coord. por Eva María Moreno Lago, 2017, págs. 80-103

Díaz Padilla, F.; Verónica Franco: Poesía culta en boca popular, Archivum: Revista de la Facultad de Filología, Tomo 52-53, 2002-2003, págs. 103-123

[En Internet]

- La cortesana italiana: definición y jerarquías
https://formaciondeldiscurso.wordpress.com/inicio-formacion-del-discurso-trabajo-de-fin-de-curso-pagina-0/mujer-italia-renacentista/cortesana-italiana/

- Cortesanas y eruditas en Venecia
http://elcuadernodelahistoriadora.blogspot.com.es/2011/07/cortesanas-y-eruditas-en-venecia-i.html

- Las cortesanas en Venecia
http://www.fundacioncarloslleras.com/wp-content/uploads/2016/05/Las-cortesanas-de-Venecia.pdf

- Moda y ropa interior de las cortesanas venecianas
http://www.lacasamundo.com/2012/05/moda-y-ropa-interior-de-las-cortesanas.htmls:

martes, 1 de mayo de 2018

Remendadoras de virgos: Devolver la virginidad a las doncellas

En esta entrada vamos a intentar desentrañar los secretos de uno de los oficios más desconocidos y raros del mundo, un oficio que se mueve entre la leyenda y la realidad, estamos hablando de la "remendadora de virgos", mujeres encargadas de "devolver" la virginidad a sus clientas.

Su figura se envuelve en un halo de misterio, no sólo por la propia naturaleza de su trabajo, mujeres que vivían al borde de la legalidad, que sobrevivían haciendo toda clase de trabajos como alcahuetas, curanderas, brujas o incluso prostitutas. Sino, sobre todo, porque las plumas de nuestros más ilustres literatos han contribuido a magnificar su leyenda, apareciendo estas "zurcidoras de virginidades" en obras de Fernando de Rojas, Cervantes, Quevedo o Lope de Vega, convirtiéndose en una figura recurrente dentro de la novela picaresca española, por lo que no sabemos si fue un trabajo realmente tan extendido como nos hacen suponer en sus obras o fue un personaje literario fruto del imaginario colectivo de aquellos tiempos.

En la Celestina de Fernando Rojas se cuenta la historia de la más famosa alcahueta, maestra de “facer virgos”, que rehizo, según propia expresión miles de ellos, y que llegó a vender, como virgen hasta en tres ocasiones a una sirvienta suya, para satisfacer los caprichos de un embajador francés. 


También nos ha llegado a través de escritos, la historia de una famosa prostituta, que llegó a engañar, a incautos clientes, vendiendo hasta en nueve ocasiones su supuesta virginidad. Por lo que comprobamos como expresiones como remenda virgos, zurcidora de virginidades o reedificar doncellas, fueron habituales en la literatura picaresca española.

La alcahueta, de Gerard van Honthorst, 1625.

La importancia de la virginidad

La virginidad de las mujeres ha representado históricamente uno de los bienes más preciados que podía tener una familia, no sólo por una cuestión de honor y honra familiar, sino también en su versión más materialista, ya que durante muchos siglos el matrimonio ha sido una mera cuestión económica entre familias, donde los sentimientos de los esponsales poco o nada importaban.

Por lo que la virginidad de la casadera era fundamental para negociar un buen acuerdo económico o para ampliar los bienes o el patrimonio de su familia. Por todo ello, la presencia de un himen intacto se creía (muy erróneamente) que era signo definitivo de virginidad (incluso hoy en día ese mito sexual sigue estando bastante extendido, asociando virginidad a la presencia de un himen intacto).

Todo ello fue conformando una mitología en torno a la virginidad de la mujer y la pureza de espíritu de la mujer virgen. 


Maja y Celestina,
de Goya.
Por lo que no nos puede extrañar que numerosas leyendas nos hablen del carácter sagrado de la virginidad frente a la magia negra o los seres mágicos (una leyenda muy extendida era que sólo una virgen era capaz de acercarse a un unicornio).

Tan extendida estaba la creencia del "estado de gracia" de la mujer virgen que numerosos tratados médicos aseguraban que la orina de virgen era capaz de curar ciertas enfermedades o incluso que los mordidos por una serpiente venenosa debían yacer rápidamente con una mujer virgen para expulsar su veneno.

Con todo ello, no nos puede extrañar que hayan existido testimonios notariales de pérdida accidental del virgo o actas notariales donde se certificaba la virginidad de tal o cual doncella. Y nos podemos imaginar la importancia que ha tenido el concepto de virginidad en nuestra cultura, ya que este tipo de testimonios se extienden desde la Edad Media hasta prácticamente el siglo XX.

Como ejemplo citamos este testimonio notarial de 1495:
"Pidió  testimonio  Juan  Gómez  dorador  y  María Rodríguez su mujer como estando María su hija de seis años poco más o menos jugando con otra su hija de 4 años  y  vimos  saltando  sobre  un  tinajón  y  subiendo  y descendiendo en el tinajón se le abrieron las piernas y le corrió sangre y le corrompio parte de su virginidad y la llevaron luego a la partera de Montilla y para guarda de su derecho pidieron a (varios testigos) que viven en la dicha casa y lo vieran". 

Esta obsesión por la virginidad hizo que se extendiesen toda clase de teorías absurdas sobre las características que tenía que presentar una mujer virgen, tanto en su aspecto externo, como durante su primera relación sexual.


Así, ciertas características físicas, como la aparición de pequeñas venas en el ojo o holluelos en la nariz eran identificados como muestras seguras de virginidad. Otros signos claros, más relacionados con la pubertad que con la virginidad, eran tener un vello púbico largo y liso, o tener los pechos pequeños y firmes o que el capuchón recubriese todo el clítoris.

Y ¡cómo no! no podía faltar la (falsa) prueba más certera e inequívoca de todos los tiempos para certificar la supuesta virginidad de una doncella, que hubiese sangrado durante el desfloramiento. Por lo que fue una prueba habitual entre la nobleza y la realeza que se exhibiera públicamente el pañuelo manchado de sangre de la noche de bodas.

Las mujeres de los mil y un oficios: Celestinas, brujas, alcahuetas, curanderas, prostitutas...

Describir a estas mujeres nos daría para un post aparte, por lo que dejaremos que sea Sempronio, uno de los personajes de 'La Celestina' quien nos de una idea de cómo la sociedad veía a estas mujeres:

" ¡Yo te lo diré! Días ha grandes que conozco en fin desta vecindad una vieja  barbuda  que  se  dice  Celestina,  hechicera,  astuta,  sagaz en cuantas maldades hay. Entiendo que pasan de cinco mil virgos los que se han hecho y deshecho por su autoridad en esta ciudad. A las duras peñas promoverá y provocará a lujuria, si quisiese."


Unas páginas más adelante es Pármeno quien le presenta a Calisto a la famosa Celestina, quién nos explica cómo se ganaban la vida este tipo de mujeres:

"Ella tenía seis oficios, conviene a saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primero oficio cobertura de los otros, so color del cual muchas mozas destas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y  gorgueras  y  otras  muchas  cosas..."

Y aunque la literatura siempre nos ha transmitido una imagen negativa de estas curanderas, sin lugar a dudas:

Tuvieron una gran importancia social, especialmente en ambientes plebeyos y pobres, donde las múltiples habilidades y conocimientos de estas mujeres fueron de gran utilidad para la mayor parte de la población, especialmente para las mujeres.


Entre otras, para aquellas que necesitaban restituir su virtud, perdida en algún momento de pasión juvenil. Aunque en esta España de la picaresca no faltó quién vendía y remendaba varias veces la virginidad de la misma moza o prostituta, como una fuente de ganar dinero.

" Hacía con esto maravillas: que cuando vino por aquí el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía".
- La Celestina.

Eran tan hábiles en este oficio, que no sólo eran capaces de engañar a ingenuos suegros y maridos, sino incluso a los más expertos en artes amatorias, ya que aplicaban técnicas de todo tipo, incluso utilizando elementos que simulaban la pérdida de sangre.


Técnicas para remendar virgos

Todo esto hizo que se tirase de inventiva y picaresca para desarrollar toda clase de argucias para simular virginidades o asegurarse unos resultados que no dejasen ninguna sombra de duda sobre la honradez de la doncella. Existiendo métodos tanto para asegurar el sangrado de la mujer como para restituir el himen de la doncella.

La mejor referencia al uso de ambas técnicas nos la proporciona Pármeno cuando habla de los utensilios de trabajo de la Celestina: 

"Esto  de  los  virgos,  unos  hacía  de  vejiga  y  otros  curaba  a punto. Tenía en un tabladillo, en una cajuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros, e hilos de seda encerados y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo".
- La Celestina.

De aquí se deduce con claridad que la Celestina empleaba dos técnicas distintas: una era la introducción en la vagina de una pequeña vejiga con sangre que se rompía en el coito, simulando la desfloración; y otra el recosido del virgo con agujas de pellejero e hilos propios de cirujanos. Además tenía reserva de plantas medicinales para restañar la sangre en caso de hemorragia.

Aunque quizá uno de los mejores métodos para convencer al incauto marido o amantes de la virginidad de una mujer fuesen sus dotes de interpretación, cerrar mucho los muslos, hacer fuerza con los músculos del suelo pélvico, y fingir cierto dolor y desconocimiento sobre las artes amatorias.

a.- Técnicas para simular sangrados

En aquellas uniones de mayor importancia, donde se realizaba in situ la famosa prueba del pañuelo, lo más sencillo era contar con la complicidad de la comadrona. El truco más sencillo, que ella misma, al explorar la vagina, rasgase con sus uñas la pared vaginal de la doncella hasta hacerla sangrar.

Pero había toda clase de métodos para simular sangrados, desde aquellos más peligrosos, como introducir una pequeña sanguijuela en el interior de la vagina de la mujer, o algunos más sencillos como colocar en el fondo de la vagina, vísceras de animales mezcladas con sangre, como vejigas de pescados rellenas de sangre.


Sanguijuelas para uso medicinal.


b.- Técnicas para simular virginidad

Trotula de Salerno.
Pero las habilidades de estas alcahuetas iban mucho más allá, ya que eran inclusos capaces de restaurar hímenes desaparecidos. La técnica más empleada era zurcir, con pequeñísimas agujas, finos pellejos de vejiga a los restos de la membrana desgarrada, si el himen ya había desaparecido por completo, éste se sustituía por pequeñas y finas hojas, colocadas y sujetas hábilmente.

Otros métodos se basaban en la aplicación de ciertos cataplasmas que introducidos en el interior de la vagina simulaban una especie de membrana. Uno de los más famosos fue el elaborado por una de las primeras mujeres ginecólogas de la historia, Trotula de Salerno, que vivió allá por el siglo XII, y que en su compendio sobre medicina de la mujer, el famoso "Passionibus Mulierum", ofrecía una fórmula para estrechar la vulva y simular la virginidad:

 "Toma sangre de serpiente, tierra de Armenia, corteza de granada, clara de huevo, masilla y agallas - una onza de cada cosa o tanto como se quiera. Redúcelo a polvo y hiérvelo todo junto en agua calentada. Introduce en la vagina una parte de esta combinación. O bien toma agallas, zumaque, llantén, brionia, alumbre y aceitunas enanas; cuécelo en agua de lluvia y con este cocimiento aplica fomentos a las partes privadas".

La crema de la condesa

Uno de los remedios más famosos fue el llamado "crema de la condesa", un remedio recogido en la "Farmacopea Matritense" (1823), que se elaboraba con base de agallas de encina o roble y otras plantas astringentes que se usaban "para constringir los orificios muy dilatados". El famoso médico Andrés Laguna decía de esta crema: “aprieta y cierra las partes bajas que, sentándose sobre el preparado, se pueden vender mil veces por vírgenes las que desean más parecer que ser doncellas”.

Sobre el curioso nombre de esta leyenda se cuenta que una joven criada vivía con una condesa ya entrada en años. La criada preocupada porque ya había perdido su virginidad y quería casarse fue a visitar a la curandera del pueblo. La anciana celestina le recetó que se preparase un baño con esta receta y que esperase hasta que el remedio hiciese efecto. La joven criada preparó el baño y cuando ya tenía todo listo entró la condesa en la habitación, quién creyendo que la criada le había preparado el baño para ella, se sumergió en la bañera. Cuenta la leyenda que el marido de la condesa fue el máximo beneficiario de esta confusión, ya que esa noche comprobó lo milagroso, y placentero, de esta receta.

Imagen extraída de:
http://www.esenciasdeliebana.es/wpcproduct/pomada-virginal-o-de-la-condesa/

Existieron infinidad de remedios de este tipo, hecho que nos hablaría de la preocupación real de las mujeres por este tipo de problemas: baños de consuelda, espolvorear la vulva con una serie de preparados que incluían productos de toda clase, desde talco o almidón hasta llegar al uso de la cal viva.

Y aunque hoy en día esto nos puede parecer muy anacrónico, la himenorrafia, es decir, la técnica de sutura del himen, se siguen practicando en numerosas culturas del mundo, conociéndose aquí en España bajo el nombre de zurcido japonés, ya que en el mudo gitano y musulmán se sigue practicando.


Fuentes escritas:

Todas estas técnicas y remedios no eran algo nuevo, empleándose desde la antigüedad como bien atestigua Galeno, quién ya recomendaba el uso de plantas astringentes para que la vagina de la mujer se estrechase y pareciese virgen.

Todos estos conocimientos se fueron transmitiendo por tradición oral entre comadronas y curanderas, hasta acabar recogidos durante la Edad Media en libros de carácter médico, donde se compilaron todos estos saberes ginecológicos, como el conocido libro del siglo XII, de Trotula de Salerno, donde se recogían varias recetas constringentes de la vulva usando elementos como el alumbre, las gallae o el nitrum; o el popular uso de sanguijuelas en el interior de la vagina, para que creasen costras y que éstas se rompiesen durante la penetración para asegurar el sangrado de la mujer.

La literatura del Siglo de Oro:

Pero no sólo en tratados médicos se recogieron todos estos saberes, la literatura popular también nos ha hablado de todo esto, especialmente los escritores del Siglo de Oro.

Una de las novelas que mejor retrata el mundo donde vivían estas remendadoras de virgos es la obra de Francisco Delicado, "La lozana andaluza", texto que describe la vida de los bajos fondos, durante el siglo XVI, de una ciudad tan populosa como pecaminosa como la ciudad eterna de Roma, y es que esta novela recoge muy bien la vida de prostitutas y celestinas. Durante una conversación entre la Lozana y un despensero, este último dice:

"Espera un poco y tal seréis como ella. Mas sobre mí que no compréis vos casa, como ella, de solamente quitar cejas y componer novias. Fue muy querida de romanas. Esta fue la que hacía la esponja llena de sangre de pichón para los virgos".

En esta misma novela, la Lozana experta en esta clase de remedios, le ofrece a una mujer conocida como la Napolitana, sus servicios como remendadora de virgos, y nos habla de "sellar" la vagina:

"Yo, señora, vengo de Levante y traigo secretos maravillosos que, máxime en Grecia, se usan mucho las mujeres, que no son hermosas, procurar de sello y, porque lo veáis, póngase aquesto vuestra hija, la más morena".



Para finalizar nuestro artículo que mejor que acabar con uno de los satíricos poemas de Francisco de Quevedo donde nos describe con mucha mala leche a una de estas celestinas:




Bibliografía

Montero Cartelle, E. y  Herrero Ingelmo, M.C., La ‘renovación de novias’ en La Celestina y otros autores,  Celestinesca, 36 (2012): 179-208., Universidad de Valladolid.

http://parnaseo.uv.es/Celestinesca/Celestinesca36/07_Monterno_Enrique.pdf

http://cuitasmedicas.blogspot.com.es/

http://idd0073h.eresmas.net/casas4u5.htm


martes, 10 de abril de 2018

Inquisición y Sexo: Los delitos de solicitación

Los delitos de solicitación fue una constante preocupación dentro de la Iglesia, ya que fue uno de los delitos más extendidos dentro de la Iglesia Católica, y lo peor de todo, es que manchaba su buen nombre, ya quera un delito que afectaba directamente a sus curas y sacerdotes.

¿Qué era el delito de solicitación?
Cornelis Corneliszoon van Haarlem (1562 - 1638)

Estos delitos se producían durante el sacramento de la confesión y reciben este nombre porque el sacerdote "solicitaba" algún tipo de favor sexual al penitente. Es decir, el confesor se aprovechaba de su autoridad y la intimidad de la que gozaba para obtener algún trato carnal con la persona que se estaba confesando.

Este tipo de comportamiento fue habitual por parte de sacerdotes y frailes confesores, considerándose un mal endémico asociado a este sacramento, especialmente a partir del siglo XI, con la extensión de las órdenes mendicantes. Y es que mientras el clero secular estaba algo más controlado al tener su radio de acción más centralizado; los miembros de las órdenes mendicantes, al tener una vida más itinerante, podían confesar a un mayor número de mujeres.

Y como muestra un botón, el testimonio recogido durante un proceso de solicitación efectuado por la Santa Inquisicón en el Nuevo Mundo:

 "Asimismo testifica contra él una Joana de Vera, mujer casada, de edad de veinte y seis años, que entrando en un confissionario a confesar con él, el reo le dijo muchas palabras amorosas y aficionadas y muy ocasionadas para mal fin. Y luego inmediatamente la confesó y ésto le aconteció más de seis veçes. Y después, estando mal dispuesta en su casa, fue allá este reo y tuvo con ella tocamientos de manos en los pechos, piernas y muslos della, abrazándola y besándola teniendo delectación y polución".
- Proceso por solicitación en confesión  al jesuita Luis López  (Lima, 1578)


Tipos de Delitos

Estos delitos englobaban todo tipo de conductas y comportamientos: desde delitos de palabra, donde el confesor animaba a sus feligreses a describir con todo lujo de detalles sus pecados sexuales,  pasando por aquellos que realizaban insinuaciones y comentarios con una clara carga sexual.

Pero lógicamente, los más graves eran aquellos que pasaban de las palabras a los hechos, confesores que pedían favores sexuales a cambio de absolver de sus pecados a sus pobres feligreses o que se masturbaban mientras escuchaban sus confesiones más íntimas, o aquellos que se aprovechaban de su posición de poder para realizar toda clase de tocamientos, sabiendo que no iban a ser denunciados, ya que ellos representaban a la máxima autoridad moral de la zona.



Incluso no faltaban aquellos confesores más avispados que no dudaban en emplear supuestas doctrinas teológicas para convencer a sus feligresas. Así conocemos el testimonio dónde el confesor esgrimía ante su atónita penitente que "era muy ordinario que los padres de espíritu conociesen carnalmente a sus hijas de confesión, y aun a la más virtuosa, porque esta guardaría más secreto”.

Por no hablar, de aquellos que se hacían pasar por médicos y realizaban toda clase tocamientos o incluso aquellos que prometían toda clase de regalos y prebendas a cambio de favores sexuales. Como bien recoge este testimonio recogido en el Archivo de la Inquisición de Canarias:

"Y el dicho fraile, viendo que esta declarante se escandalizaba de lo que le había dicho, le dijo que no se espantase de aquello, que él era hombre de carne y había de volver a la naturaleza, y que otras señoras tan honradas como ella se acometían aquellas cosas y que podía venir.., de noche, como que venía a rezar a la iglesia, y que a un canto de ella podía tener cuenta carnalmente con esta declarante. Y que le daría tres o cuatro reales y que cuando viniese a la Ciudad le enviaría un sombrero o alguna cosa buena que pidiese".
- Archivo de la Inquisición de Canarias (VIII, 7)

Y es que los confesores no sólo administraban este sacramento dentro de la Iglesia, ya que no era raro que el sacerdote acudiese a la casa de sus parroquianas o incluso los más osados las invitaban a su propia casa, por lo que era fácil encontrar momentos de absoluta intimidad para cometer estos delitos de solicitación.

Pero el premio gordo para los confesores más lascivos eran los conventos de monjas, toda una tentación para muchos de estos hombres, más si sabemos, que muchas mujeres eran ingresadas en contra de su voluntad, por lo que no renunciaban voluntariamente a los placeres de la carne.

Así sabemos que un confesor de monjas de nombre, fray Juan Domínguez le pidió a una de las novicias "que le enseñase las piernas y los pechos y esta declarante se los enseñó a su ruego. Y el dicho confesor, estándoselas mirando con delectación, le dijo palabras torpes, sucias y de lujuria, nombrando las partes vergonzosas y naturales de esta declarante con los nombres más inmundos que tienen y pidiendo que se las enseñase".


El sacramento de la confesión

No hace falta recordar la importancia de la confesión como método de control social por parte de la Iglesia Católica. Quizá uno de los métodos más eficaces de toda la historia,  ya que no hay que recurrir al espionaje o a la fuerza, sino que es la propia persona que de "propia voluntad" confiesa sus más íntimos secretos. Bueno, sí algún alma libre no visitaba con regularidad al confesor, éste podía anotar este hecho y que el feligrés en cuestión fuese llamado al orden por más altas instancias, incluso ser llamado ante la propia Inquisición.

La confesión es el método de control social más sutil y eficaz de todos los tiempos, alcanzando a toda su población y con un mínimo coste.


Además, el acto de la confesión para las mujeres de la época implicaba mucho más, a veces, era el único vehículo para expresar sus temores, sus miedos, sus anhelos, fuera del estricto y controlador círculo familiar. Por lo que el confesor se convertía en la única persona a la que pedir consejo o ayuda, no sólo en problemas espirituales, sino también en los terrenales.

Todo esto hacía que la relación entre confesor y penitente fue muy estrecha, íntima, por lo que no es raro que muchas feligresas comentaran sus problemas conyugales, sus dudas o inquietudes sexuales con el confesor, ya que éste se convertía en la única figura de confianza dentro de su círculo más cercano. Recordar que, en esta época, las mujeres se casaban siendo apenas unas adolescentes, y normalmente con hombres mucho mayores que ellas, muchas veces siendo apartadas de su círculo familiar, por lo que podemos imaginar la importancia que adquiría la figura del confesor.


Las mujeres víctimas propicias...

Con todo ello, es sencillo suponer el poder de manipulación e influencia que podía alcanzar la figura del confesor para aprovecharse de aquellas mujeres más ingenuas, inseguras o temerosas, convirtiéndose en víctimas propiciatorias para los confesores más libidinosos. Y es que su figura, además, estaba rodeada de un halo de autoridad y obediencia.

Podemos imaginar que este tipo de delitos fueron demasiado habituales, no sólo por el gran número de casos recogidos en las fuentes, sino sobre todo si tenemos en cuenta lo difícil que tenía que ser para una mujer denunciar este tipo de delitos en aquella época. Ya que la sombra de la sospecha no sólo recaía sobre el sacerdote, sino también sobre la persona que denunciaba, ya que no era raro que la culpa finalmente cayese sobre la penitente.

Y es que la Inquisición se encargaba de recoger información sobre la honestidad y la familia de la mujer denunciante, por lo que también se juzgaba la moralidad pública de la denunciante, ya que no valía lo mismo el testimonio de una doncella de familia acomodada que el de una "mujer deshonesta en su vivir, y de gente muy ordinaria".

La confesión. Raimundo de Madrazo Garreta


Solicitantes y... solicitadoras

Pero no siempre las mujeres eran víctimas de las acciones lascivas de los religiosos, algunos testimonios nos hablan que a veces eran ellas las que buscaban el afecto del confesor: desde mujeres que sólo necesitaban a alguien que las escuchase pasando por mujeres insatisfechas sexualmente hasta llegar a casos de auténtico acoso y derribo al pobre confesor.

Entre este grupo de mujeres destacaban las viudas, ya que no estaba bien visto socialmente que se volviesen a casar, por lo que si enviudaban jóvenes y ante la imposibilidad de conocer varón de otra forma, veían a su confesor como única válvula de escape a sus necesidades sexuales.

Como mejor ejemplo de todo ello, es que hasta hace pocos años era habitual que los sacerdotes viviesen con sus concubinas, mujeres que se hacían pasar por sus sobrinas, amas de casa, cuidadoras, etc., pero que eran de hecho la pareja sentimental del sacerdote.

El concubinato del clero fue un fenómeno muy habitual durante la Edad Media y Moderna.


Un intento de reforma moral de la Iglesia: Concilio de Trento

Sesión del Concilio de Trento, cuadro de Tiziano
Por lo que estos delitos de solicitación o "solicitatio ad turpia" fueron uno de esos estigmas habituales dentro de la Iglesia Católica, especialmente porque el clero se caracterizaba por su nula formación teológica, por lo que no nos puede extrañar que en el Concilio de Trento (1545-1563) en su afán reformador de la Iglesia Católica empezase a tomar medidas severas por la gravedad y extensión de este tipo de crímenes.

Aunque esta reforma no era debida a la preocupación de la Iglesia por sus fieles o por los abusos de poder de su cuerpo sacerdotal, sino era una cuestión de pura supervivencia. Y es que a partir del siglo XVI, Europa se vio sacudida por la reforma protestante, corriente cristiana que denunciaba los abusos y la corrupción moral del catolicismo romano, corriente que rechazaba la autoridad papal y el carácter sagrado de algunos de sus sacramentos, entre ellos, el de la confesión.

Por lo que pronto se vio obligada a iniciar una reforma profunda de todas sus instituciones e intentar atajar toda clase de abusos, como estos delitos de solicitación.

Y es que anteriormente al Concilio de Trento, el único delito que perseguía la Iglesia era aquellos casos donde la solicitación se realizase durante la confesión, es decir, si los hechos acaecían momentos antes o después del sacramento, la Iglesia no entraba a juzgar este tipo delitos. Además, estos casos se solucionaban dentro de la propia diócesis, por lo que un traslado del sacerdote a otra parroquia y problema resuelto...

Por lo que para cualquier sacerdote ligeramente avispado era tremendamente fácil esquivar cualquier tipo de castigo, ya que la Iglesia sólo consideraba delito si se "manchaba" el acto del sacramento en sí, dándole igual que la posible solicitación ocurriese en el contexto de la confesión.

Así que habría que esperar al Concilio de Trento para que la Iglesia empezase a tomar cartas en el asunto. Lo primero que se les ocurrió fue crear el mueble del confesionario, colocando una rejilla entre confesor y penitente para evitar que intimaran demasiado, aunque su uso tardó mucho tiempo en generalizarse.

La confesión, Giuseppe Molteni
Pero el mejor indicador de la gravedad del asunto fue que, a partir de 1559, se permitió que fuese la mismísima Santa Inquisición la encargada de perseguir y juzgar estos delitos. Aunque vemos que fue bastante difícil erradicar estos delitos, ya que se siguieron promulgando bulas y leyes, para frenar este fenómeno, como la bula de Gregorio XV, Universi Dominici Gregis, de 1622.

Es famoso el caso del párroco de Beniganim en el Reino de Valencia que fue juzgado en 1608 por haber solicitado, nada más y nada menos, que a 29 mujeres, "con palabras lascivas y amorosas para actos torpes y deshonestos". Y es que como podemos suponer, sólo en los casos más flagrantes las autoridades eclesiásticas actuaban, haciendo la vista gorda en la mayor parte de los delitos, ya que la Iglesia siempre ha sido de lavar sus trapos sucias de puertas para adentro.

Penas y castigos

Por regla general las penas y castigos para los solicitantes eran bastante indulgentes, ya que apenas se conocen casos donde la Inquisición acabase utilizando el tormento o penas de azotes o de condena a muerte hacia los sacerdotes infractores.

Las penas más comunes eran la abjuración de levi, es decir, limitarse a dar una leve reprimienda al confesor y aconsejarle mucha oración y ayuno, a ver si así se le quitaba la calentura... Otra de las penas más comunes era la multa económica, o en aquellos casos más claros, las penas solían ser la prohibición, temporal o de por vida, de administrar el sacramento de la confesión, normalmente acompañado de sentencias de reclusión en hospitales donde ayudar a pobres y enfermos. En aquellos casos más extremos uno de los castigos más severos era el destierro.


Inquisición de Edouard Moyse
Para finalizar, incluímos otro de los testimonios incluídos en el proceso por solicitación contra el jesuita Luis López, que saca a la luz el lado más oscuro y tenebroso de estos delitos de solicitación: un abuso de poder que muchas veces caía en tocamientos no consentidos, abusos o incluso violaciones:

«...el dicho reo se quedaba en casa de la dicha moza doña María algunas y muchas noches a la velar y guardar, durmiendo en un estrado junto a su cama. Y que una noche había tenido cópula carnal con ella y la había corrompido y habido su virginidad y se había quedado preñada. Y el reo echaba la culpa del preñado al demonio, diciéndo que él confesaba a su madre y hermanas y les daría a entender por libros cómo podía el demonio empreñar sin que la mujer lo entendiese. Y queriendo el reo otra vez tener cópula carnal con la dicha doña María, juntándose con ella questaba desnuda en la cama, había tenido pollución entre las piernas della. Y porque no había sido en el vaso natural le dijo el reo que no fue sino un acometimiento a pecar con ella, porque como fuese fuera del vaso no lo tiene por pecado mortal. Y porque la dicha doña María dijo a çierta persona: "mira vos lo que debe un hombre a una mujer que la adonçella, éso me debe a mí Luis López", el reo sabiéndolo, indignado contra ella, le dio muchos azotes con una disçiplina por piernas y brazos, descubriéndole sus vergüenzas. De lo qual ella, indignada y rabiosa, lo vino a denunçiar...»

- Proceso por solicitación en confesión  al jesuita Luis López  (Lima, 1578)




BIBLIOGRAFÍA

González Rincón, M.; La crítica sexual anticlerical en el Apókoposde Bergadís: la sollicitatio durante la confesión, Byzantion Nea Hellás, 29, 2010: 113 - 133  

Galván Rodríguez, E.; La praxis inquisitorial contra confesores solicitantes (Tribunal de la Inquisición de Canarias, años 1601-1700)

Sánchez-Oro Rosa, J.J.; Sexualidad, vida conyugal e Inquisición en Ciudad Rodrigo (siglo XVI-XVII), Centro de Estudios Mirobrigenses.

[En Internet]

http://www.miguelgarciavega.com/delito-de-solicitacion/

https://www.20minutos.es/noticia/253977/0/favores/sexuales/conquista/

Otorgar favores sexuales al confesor a cambio de la absolución de los pecados era una práctica habitual en México durante la etapa colonial, especialmente en los siglos XVIII y XIX, asegura un especialista mexicano, según Jorge René González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autor del libro "Sexo y confesión"

Ver más en: https://www.20minutos.es/noticia/253977/0/favores/sexuales/conquista/#xtor=AD-15&xts=467263
Otorgar favores sexuales al confesor a cambio de la absolución de los pecados era una práctica habitual en México durante la etapa colonial, especialmente en los siglos XVIII y XIX, asegura un especialista mexicano, según Jorge René González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autor del libro "Sexo y confesión"

Ver más en: https://www.20minutos.es/noticia/253977/0/favores/sexuales/conquista/#xtor=AD-15&xts=467263

domingo, 11 de febrero de 2018

El orgasmo femenino en el proceso de evolución

La sexualidad de los humanos está estrechamente vinculada con el proceso de hominización que vivimos durante millones de año, por lo que muchos de nuestro órganos y comportamientos han ido adaptándose a lo largo de este lento camino de la evolución humana.

Por lo que lo primero que nos podríamos preguntar es ¿qué importancia tiene el orgasmo dentro de la evolución humana? Parece claro que el orgasmo es un mecanismo destinado a perpetuar nuestros genes en la siguiente generación, ya que es una motivación a la búsqueda de constantes encuentros sexuales. Pero en el caso del orgasmo femenino la cuestión es más enigmática, y algunas de las teorías evolutivas sugieren que el orgasmo femenino está diseñado para favorecer la eyaculación de los machos y asegurar la fertilización.

Y si hablamos de orgasmo femenino, sin duda alguna, la estrella es el clítoris, todo un enigma de la naturaleza, ya que es el único órgano que ha evolucionado para proporcionar placer exclusivamente. Un órgano que se ha ido adaptando a las necesidades de cada especie de primate, habiéndolos de todas las formas, tamaños y funciones.



La evolución del orgasmo como consecuencia del bipedismo:

Aproximadamente hace 5 millones de años se produjo una de las evoluciones más importantes para los antepasados del ser humano, un primate se irguió sobre sus miembros inferiores y empezó el lento caminar de la humanidad hacia el bipedismo.
 
Este paso fue fundamental para el triunfo evolutivo de los homínidos ya que obtuvieron múltiples beneficios al encontrarse con las manos liberadas: pudieron fabricar herramientas, transportar diversos elementos, etc... pero el resto del cuerpo se vio obligado a adaptarse a estos cambios: cráneo, cervicales, pies, manos, incluso sufrimos importantes modificaciones fisiológicas estrechamente vinculadas con la sexualidad, entre ellas ¡¡el orgasmo femenino!!
 

El orgasmo femenino es una brillante adaptación
a las consecuencias del bipedismo.


Y aunque el orgasmo femenino no es un rasgo único de los humanos, el resto de primates hembras no sienten los orgasmos con tanta intensidad como las humanas.  Como bien explica el paleontólogo Pepe Cervera: "Para las hembras del resto de especies el acto sexual es algo ligero, tanto que a los pocos segundos después de la cópula ya están activas, andando y moviéndose como si nada. El macho las monta e, instantes después, vuelven tranquilamente a sus quehaceres con toda normalidad".


¿Por qué las humanas tienen orgasmos mucho más intensos?

El primero que trató de dar una respuesta fue el zoólogo Desmond Morrism que, en 1967, en su obra 'El mono desnudo', analizaba las consecuencias del bipedismo, afirmando que el aumento de la intensidad de los orgasmos fue una ingeniosa solución a los problemas reproductivos que surgieron por la verticalización de la vagina.

Nos explicamos, tras la cópula si la hembra se incorpora inmediatamente, debido a la posición vertical de su vagina, el semen se desliza hacia bajo, disminuyendo las probabilidades de embarazo. ¿la solución más rápida e ingeniosa que se le ocurrió a nuestro organismo? Hacer los orgasmos de las hembras mucho más intensos, así la mujer queda extenuada, por lo que necesita unos minutos para recuperarse (período postcoital), donde la mujer estando en posición horizontal obtiene un tiempo de oro para que las posibilidades de fecundación aumenten considerablemente.

"De no existir el orgasmo femenino, tras realizar la cópula,
la mujer se incorporaría y debido a la posición vertical de su vagina,
el semen se deslizaría".


Reconstrucción del paisaje de Laetoli hace 3,6 millones de años.
Ilustración: Dawid A. Iurino
Fuente: http://www.nationalgeographic.com.es
Todo ello es importante porque el placer sexual entra como un factor decisivo para la selección natural, es decir, los buenos amantes, aquellos que logran dar más placer a las hembras tienen más posibilidades de fecundarla. ¿por qué?  Porque si aparte de la eyaculación y el posterior reposo postcoital, la hembra retiene al macho dentro de sí, consigue que con las contracciones vaginales producidas por el orgasmo ayude al esperma a avanzar a través del cuello uterino.

Los machos que provocan mejores orgasmos a las hembras tienen mayor probabilidad de transmitir sus genes.


Conclusión

Aunque estos no fueron los únicos cambios que se produjeron en el comportamiento sexo-reproductivo de las hembras homínidas a lo largo de su evolución: la ovulación oculta, el aumento del deseo sexual de las hembras, su receptividad permanente, el desplazamiento del clítoris, la capacidad multiorgásmica de la mujer, la aparición del erotismo,... Muchas de estas modificaciones fisiológicas han forjado las estructuras socio-culturales donde nuestra sociedad se asienta: desde el concepto de monogamia hasta la estructura patriarcal de gran parte de nuestras culturas, ... pero todas estas cuestiones las dejaremos para otro post.



Bibliografía

Campillo Álvarez, J.E. La cadera de eva. El protagonismo de la mujer en la evolución de la especie humana. Ed. Crítica, Barcelona, 2007. 287 pp.

García Leal, A. Sesgos ideológicos en las teorías sobre la evolución del sexo. Tesis UAB. 2006. 335 pp.


 http://olvidedespuesdeleer.blogspot.com.es/2010/06/la-sexualidad-humana-un-rompecabezas.html


 http://www.hombresigualitarios.ahige.org/la-mistica-de-la-masculinidad/